Avuí fa exactament dos mesos que vaig arribar a Gliwice. Sí, i jo sense adonar-me’n. Ja només queden tres mesos per a acabar el semestre, i me n’adone que o bé faig una prolongació de l’estada, o açò s’ha acabat. Com sempre quan s’està a gust, el temps passa volant, i ací pareix que anem dalt d’un falcó caient en picat en busca de la seua presa.
Dicho y hecho, el miércoles por la tarde nos reunimos Ferran, Arturo y yo y decidimos que el fin de semana no podía escaparse por las buenas, había que hacer algo. Había que conocer mundo, por lo que empezamos un brainstorm para decidir cual sería nuestro destino durante el fin de semana. Puesto que al día siguiente teníamos asuntos pendientes acordamos que la salida sería la noche del jueves. Tras un poco de caos decidimos que la opción acabaría siendo el combo Bratislava-Viena, por lo que fuimos a la estación de Gliwice a comprar los billetes. Fácil, sencillo y para toda la familia.
Después de mi presentación sobre Rehabilitation of the former course of Túria river in València convencí a Juanlu para que se nos uniese, por lo que nos juntamos en la estación, a las 10 de la noche un asturiano (Arturo), un catalán (Ferran), un madrileño (Juanlu) y yo para pasar el fin de semana en centroeuropa. El tren hasta Katowice no hacía presagiar lo movida que acabaría siendo la noche.
Llegó el tren con destino Bratislava, subimos a nuestro vagón y encontramos nuestro compartimento. Ahí se acaba la normalidad del viaje. Poco después de 30 segundos, la luz del compartimento de al lado empieza a dar chispazos, por lo que los operarios deciden dejar ese vagón en Katowice a la espera de ser reparado y nos envían a otro vagón, al que conseguimos llegar antes que nadie y del que nos agenciamos. Con la esperanza de pasar una noche tranquila, Juanlu tiene la idea de hacer un muñeco con una mochila, una chaqueta y una bufanda; Paquito. Parece tontería pero las risas que nos pegamos con la treintena de personas que miraron al muñeco y no se pisparon de él fueron importantes, pero ya se sabe, sabe más el diablo por viejo que por diablo, por lo que el viaje fue amenizado por la compañía de dos señoras mayores sin demasiada intención de dejarnos dormir. Dios castiga, pero sin palo.
Cuando por fin las señoras callaron y nos dejaron dormir, sobre por las 3 y media de la madrugada, sonó un timbre en el tren seguido de una voz en polaco, y se empezó a ver gente desfilando por el pasillo saliendo rápidamente del tren. Tras varios intentos fallidos de averiguar qué estaba sucediendo, intuimos que tocaba hacer un transbordo, por lo que bajamos las mochilas y salimos al andén de una estación perdida en el culo del mundo y subimos al último vagón del otro tren, lleno hasta la bandera. Por suerte enganchan unos vagones justo detrás, y para intentar tener sitio en un compartimento, abro la puerta trasera del vagón e intento abrir la delantera del otro; como era de esperar tal y como iba la noche me quedé cerrado entre vagones, y hasta que no abrió un operario no me pude mover de allí. El tiempo de trasbordo acababa y nos tocó hacer un sprint de 70 metros para llegar al vagón. De pie, pero estábamos en el tren y sólo quedaban dos horas para llegar a Bratislava, dos horas que pasaron sin incidentes.
Tras un viaje rocambolesco, que sin duda volvería a repetir, llegamos a las seis de la mañana a Bratislava con 7º de temperatura y vamos directos al hostal. Obviamente sin un mapa nos perdimos, y suerte que una señora de 50 años se paró a ayudarnos que sino aún estamos parados en el mismo semáforo. Nos comentó que trabajaba cerca del hostal y que nos podría dejar en la misma calle, así que fuimos con ella charlando; una mujer muy agradable, que se quedó, como nos había dicho en la calle del hostal, en el Banco Nacional de Eslovaquia, y que acabó invitándonos a que a media mañana subiésemos a la última planta a ver las vistas de la ciudad desde allí arriba.
Llegamos al hostal a las siete, dejamos las mochilas y empezamos un largo día de visita por Bratislava. He de reconocer que al contrario de la semana anterior en Cracovia, no esperaba nada de la ciudad, y simplemente estaba allí porque Viena pilla a 60km, pero la ciudad me sorprendió, y mucho. Un centro no demasiado grande, bonito y muy bien cuidado nos acogió de forma extraordinaria hasta las 11.30, cuando llamamos a la señora que habíamos conocido por la mañana para aceptar su invitación. Dejando de lado que durante unos minutos fui la cabeza más alta de Bratislava, la vista era acojonante, con el río, el castillo, todos los edificios que componen el centro histórico y los molinos de viento delimitando la frontera con Austria. Daba pena marcharse, pero había que comer.
Por la tarde simplemente visitamos el castillo, hasta que a las 4.30 anocheció y fuimos al hostal a pegarnos una siesta de las de tres horas y pijama, de la que despertamos cuando a nuestra habitación entró otro grupo de Erasmus españoles que estudiaban en Cracovia. En el hostal cenamos y bebimos con ellos y a las 11 fuimos hacia el centro donde habían quedado con unos conocidos que estaban de Erasmus en Bratislava.
Sin saber cómo acabamos en un antro de los que hacía tiempo que no entraba, y cuando se fue el otro grupo de Erasmus a una macrodiscoteca tomó el relevo una chica alternativilla de Vitoria muy maja que trabajaba en Bratislava con la que estuvimos hablando hasta las cinco de la mañana. Para el recuerdo la hostia que se pegó una rastas contra una mesa que acabó suponiendo una fractura de nariz.
Y sólo había pasado un día.
Al siguiente, nos despedimos en la recepción del hostal y tomamos rumbo a la estación para ir a Viena. Puesto que de Viena sí que teníamos mapa, llegamos rápido al hostal, cogimos el metro (en el que para colarte no tenías ni que hacer el esfuerzo de saltar tornos, pero que como gente legal pagamos) y en una hora nos plantamos en el centro de la ciudad.
Las anécdotas de Bratislava se convirtieron en edificios exuberantes en Viena, cada esquina que girabas era una maravilla que encontrabas, y Viena tiene muchas esquinas… La ópera, los palacios gemelos, la catedral, el ayuntamiento, el parlamento, y así hasta aburrir. La noche vienesa no la catamos, y la mañana siguiente dimos un paseo, fuimos a la estación, y tras siete horas de tren llegamos a Gliwice. El viaje había valido mucho la pena.
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Avui 10 de Novembre, mentre Gliwice s’engalana per celebrar demà dia 11 la diada nacional polaca amb ensenyes polaques a tots i cadascun dels edificis oficials i a moltes de les balconades privades, considere que és un bon dia per a parlar de Polònia, més concretament per a parlar dels polacs.
Des del primer dia que vaig arribar, vaig adonar-me que els polacs són, com a poc, especials.
És difícil trobar polacs a la residència que al creuar-te amb ells, sense conèixer-te de res, te dediquen un bon dia. Són gent extremadament tancada que fins que no has establert una relació d’amistat amb ells no pots esperar res. Probablement, haver rebut hòsties per tots els costats des que el mític Piast, a començament del segon mil·lenni, va començar a unir les tribus polaques, és un dels trets que més identifiquen als polacs, la desconfiança cap a tot allò estranger, cap a tot allò que els puga suposar una amenaça.
Aquesta por, històrica, es veu augmentada per unes autoritats que amb l’excusa de retornar a Polònia l’estabilitat mitjançant la unitat tallen d’arrel qualsevol moviment anti-centralista, com en el cas silesià, i fan que la població tinga més present el sentiment polac de rebuig als estrangers.
Un altre dels problemes importants és l’idioma, tot i estar l’anglés més arrelat entre la joventut que a Espanya, continua sent excessivament complicat comunicar-se, i ja no parlem de la gent que supera la trentena. A més a més està el fet que les poques hores de Sol de les que gaudeixen durant l’hivern els fa passar-se més temps del recomanat a casa.
De totes formes sempre hi ha excepcions, tot i que contades, de gent que en veure’t perdut quan algú parla polonés fa de traductor, gent que et guia pel carrer, o gent que se’t presenta a la porta dient que qualsevol problema que tingues li’l faces saber per ajudar-te. Per desgràcia no en són més d’un en cada cas.
Resumint. Els polacs són molt seus, no ho negaré, però quan arribes un dia i t’uneixes a alguna de les seues festes a veure amb ells has guanyat una amistat, al menys durant la festa. Així he conegut gent molt curiosa com els meus veïns Adrian i Pawel, que cada volta que me’ls creue pel passadís no em deixen continuar si no faig un shot de vodka amb ells; Karol, el de la porta de davant que cada dia pregunta com ha anat el dia o Rafał, un veí d’uns companys d’una altra residència. Menció especial per a un chic conegut com el esmirriao que cada volta que me veu, me diu el mateix “jo és que me junte amb esta gentola que fan tres com jo, i tots els dies acabe plegant” i efectivament, tots els dies acaba plegat.
Gent curiosa.
I per cert, la visita a Cracòvia, sense estar malament, prou decepcionant, no sé si van ser les expectatives o haver visitat Wrocław la setmana anterior però certament, esperava prou més.
Edició: poques hores després d’escriure aquest text vaig marxar a una altra residència a celebrar l’aniversari d’un amic francés. Com a qualsevol festa a Polònia (i més en la vespra de festiu) la cervesa i el vodka va córrer de manera extraordinària, i a les quatre tornava un poc perjudicat a la meua residència. Total que mentre m’estic rentant les dents, un polac entra a la meua habitació reclamant-me la clau de la rentadora que m’havia deixat el dia abans i que havíem acordat que retornaria el dia després; com l’anglés no l’entenia va anar a buscar a un altre que el parlava.
La discussió va anar pujant de to i de volum, i tota la planta va anar eixint poc a poc per a observar el circ en el que allò s’havia convertit. Sort que el meu veí va eixir a fer de mediador, perquè la cosa no feia gens bona pinta. Estos polacs no estan acabats…
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Tenía intención de narrar en este blog las andanzas y desventuras que durante los próximos cuatro meses (ya ha pasado uno y yo no me he enterado) me fuesen ocurriendo en este paraíso por descubrir que es Polonia, de hacer una especie de diario en el que contar todo aquello que día a día fuese ocurriendo.
La intención la tenía, la tuve. Ahora no tengo ni tiempo ni intención.
No tengo tiempo porque no paro, y teniendo en cuenta que tengo clase tres días por semana, ya es decir. El tiempo transcurre entre cafés y cervezas acompañado de buena gente, preparando proyectos para las distintas asignaturas o echando futbolines o pingpongs. El haber recaído en un grupo en el que me siento agusto ha sido la suerte más grande que he tenido en mucho tiempo, y es que éste vuela.
No tengo intención porque mientras escribía la segunda entrega me di cuenta que me resultaba excesivamente aburrido contar el día a día, y supongo que si ya escribirlo es pesado, leerlo llega a ser odioso. Así que de aquí en adelante, las entradas, cuando me venga de gusto, y con un motivo. Si no sabéis nada de mí, es que lo estoy pasando en grande.
Hecha la aclaración, contemos alguna de esas cosas que con el tiempo iré contando.
Durante la semana pasada completé un mes de mi estancia en Gliwice, y la ciudad ya empezaba a consumirme, sin desagradarme, empezaba a sentirme encerrado en ella, por lo que el Integration Trip organizado por la universidad me vino de perlas. Tres días en uno de los mejores lugares en los que he estado: Zakopane. La nevada de la semana anterior aún perduraba acompañada de un tiempo primaveral que nos permitió disfrutar de un paisaje de los que dejan con la boca abierta.
La estancia en la casa rural pasó amenizada por comida tradicional polaca, vodka y cerveza y muy buena compañía; casi nada.
Pero como no todo podía ser bueno ese fin de semana, llega la parte mala, encuentro en Katowice frustrado con los amigos, una patada bastante importante que deja bastante tocado y que sólo muy pocas personas saben hacer que uno recupere el ánimo.
Dejando de lado el percance de Katowice, volví a Gliwice bastante más liberado para afrontar una nueva semana que tenía como culminación la visita a Wrocław. Había escuchado maravillas sobre esa ciudad, pero hasta que llegué allí no me di cuenta de la joya que es, y para joyas, el tren, al igual que el de la semana anterior rumbo a Katowice, un tren de los buenos, de los que van lentos y dejan disfrutar el paisaje. Influye, y mucho, para conocer una ciudad estar acompañado de otro loco de los paseos por lugares desconocidos como es Ferran, un gran tipo de Badalona, con el que, mano a mano, fui descubriendo, poco a poco, rincones, puentes (¡112!) y pequeñas esculturas de gnomos rememorando The Orange Alternative. No malgastaré palabras sobre la ciudad y el fin de semana pudiendo decir simplemente Espectacular.
Y ya sé que he empleado más tiempo en explicaciones que en relatos, pero esta entrada empecé a escribirla poco después de volver de Zakopane (y ya hace casi dos semanas de aquello), pero si el tiempo de normal vuela, aquí ni siquiera lo ves volar, y de cara a este mismo fin de semana ya hay preparado otro nuevo viaje, a Krakow… y Praga, Viena, Budapest y Bratislava esperan impacientes.
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Els últims dies, fora de Gliwice, han passat coses, des del Nobel de la Pau a Obama a la merda que continua eixint del cas Gürtel. Però no és d’això del que m’agradaria parlar en aquestes breus línies escrites en breus minuts. L’última setmana ens han deixat dos genis dels últims anys: Frank Vandenbroucke i Andrés Montes.
Primer va ser el való, tot potencial, un ciclista que tenia com a sostre el seu cap, que estava molt per sota de les cames, un clar exemple de ‘I si…’. Mai ho sabrem, però el temps, per sort, sempre ens fa quedar-nos amb les coses bones, i de Frank Vandenbroucke sempre podrem gestes com l’atac anunciat a La Redoute.
Després va ser Andrés Montes, el comentarista que molta gent va descobrir amb el Tiki-Taka i que jo vaig tindre la sort de conèixer uns anys abans (tampoc massa, per desgràcia) i que és, per a mi, una de les millors veus del bàsquet i alhora de les pitjors del futbol. Queda per a la posteritat la narració del sisé partit de les finals de l’NBA del 1998 entre Utah i Chicago.
Gràcies als dos pels bons moments.
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Saludos desde Gliwice, Polonia. He dejado pasar unos cuantos días para escribir la entrada, pero ya toca.
De momento poco que contar por aquí, llegar a una ciudad extranjera quince días antes del inicio de las clases y sin ninguna noción del idioma es ciertamente complicado. Pero no me puedo quejar de la suerte que he tenido. De camino a Barcelona recibo una llamada desde Polonia en la que me dicen que habrá alguien en el aeropuerto esperando para llevarme hasta la residencia ¡qué alivio! no me hacía especial ilusión tener que combinar autobús, tren y taxi para llegar a las tantas aquí. Allí había un taxista contratado por la universidad esperándome que me llevo hasta la residencia por las típicas carreteras por las que discurre una etapa ‘de emboscadas’ del Tour de Francia hasta llegar a Gliwice una ciudad que si en ese momento hubiera tenido que describir con una palabra hubiese sido «gris».
Pero habiendo transcurrido unos días me doy cuenta que aquel golpe de suerte nada tiene que ver con la fortuna de que justo entrar a la residencia (un tanto arcaica) y no entenderme nada en absoluto con la recepcionista entraron por la puerta un grupo de tres personas que muy amablemente se ofrecieron a hacer de mediadores, y en medio minuto me dieron las llaves de la habitación y me invitaron a estar un rato charlando con ellos, lo suficiente para saber que uno era un portugués que pasó el año pasado de Erasmus y empezó con la chica que un rato antes había hecho de intérprete; el otro, otro chico polaco del que no he sabido más. Me explicaron más o menos el funcionamiento de la residencia (baños y cocina comunitarios, ésta última funcionando mediante auto-abastecimiento e Iinternet gratuito si consigues hablar con el chico que lo gestiona) y se ofrecieron para cualquier cosa que necesitase. Y aprendí que a las mujeres polacas no se les da dos besos para saludarlas ¡ouch!
Me dieron un poco de cenar y a las ocho de la tarde, ya noche cerrada, me fui a dormir completamente derrotado. Entre éso y el hecho de que en Polonia, o al menos en mi residencia, no sea muy común el uso de persianas, al día siguiente a las seis y media de la mañana con los primeros rayos de sol ya estaba despierto y sin demasiado que hacer, por lo que a las nueve y media decido salir a hablar con la coordinadora Erasmus. Para saber el lugar al que tenía que ir pregunto a un polaco con pintas de vikingo de la residencia el camino y me lo explica perfectamente, e incluso me dice que él es el que distribuye Internet. Tras hablar con la coordinadora Erasmus, vuelvo a encontrarme con este chico y le explico que estaré en esta residencia hasta el día 29, cuando me trasladaré a la residencia definitiva, y en un momento me soluciona el tema de Internet. ¡Genial! más que nada para poder hablar con la familia.
Reviso el correo y hago tiempo en la red hasta que sobre las doce de la mañana llaman a mi puerta y, al abrir, veo que es Tiago, el portugués, que me dice si quiero ir a dar una vuelta y ver algo de la ciudad. Con su inglés con su acento portugués me explica que la mejor opción para el tema del móvil es comprar una tarjeta polaca por cinco Złoty (poco más de un Euro) y me lleva a un centro comercial donde poder liberar mi teléfono. Puesto que pillaba cerca nos acercamos a Lidl para comprar algo de comer, en mi caso al no tener nada para cocinar mi compra se redujo simplemente a un par de manzanas y agua y leche para el desayuno. Por la tarde me fui sólo por el centro de la ciudad y la calle principal y empecé a situar algunas cosas, hasta que a las seis y media de la tarde empezó a oscurecer y me fui a la residencia a cenar un bocadillo y a dormir, pronto otra vez.
Decidí dedicar la mañana siguiente a conocer la ciudad, y poco a poco empezó a gustarme más y más, allí donde mirases encontrabas algo que te llamase interesante como una fachada, una iglesia o parques espectaculares o algo curioso como una fila de coches aparcados en la acera, un linea de tranvía sin tranvías o la multitud de ultramarinos que hay. Éso sí, en ningún lugar una olla o una sartén ni menos de packs familiares de vasos o cubiertos, por lo que volví a la residencia con la resignación de tener que volver a comer un bocadillo, hasta que otra vez Tiago volvió a llamar a mi puerta ofreciéndome comer con él ¡pocas veces he disfrutado tanto un plato de arroz blanco con merluza empanada! Y por la tarde otra vez a conocer la ciudad, en un paseo corto porque la lluvia empezó a aparecer, pero que me sirvió para darme cuenta que realmente es un sitio que nada tiene que ver con mi primera opinión grisácea, ya que simplemente se trataba del paso del tiempo y los inviernos y la poca dedicación que han prestado al mantenimiento de sus edificios. Éso sí, mi bocadillo para cenar no me lo quitó nadie.
Y hoy, otra vez he vuelto a salir a dar un vuelta, y por la calle he encontrado al portugués y hemos echado un café (el más grande que he tomado nunca) en la Plaza Mayor y me ha llevado a un sitio en el que comprar una olla y una sartén, en la misma calle principal, por donde no había pasado menos de media docena de veces, y en el que en un patio interior había una tienda muy pequeña que me ha servido para poder comprar lo que necesitaba. Después he comido con él y con su novia y aquí estamos, contando experiencias, como San Miguel.
La residencia está bastante vacía, supongo que en los próximos días irá llegando más gente y, espero, más Erasmus. Cuando pueda en este misma entrada, una ración de fotos.
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¡Al loro! ¡Que no estamos tan mal! Merda! Ixa expressió ja la vaig utilitzar fa cosa de deu dies quan l’equip espanyol de bàsquet va començar a col·locar-se pals a les rodes els primers dies de l’Eurobàsquet de Polònia.
Al final ha passat el que s’esperava, quan Espanya ha defensat, els rivals no han segut més que ninots de tela en mans d’un equip molt superior.
Però s’ha acabat l’europeu, la selecció espanyola ja està a Madrid on es podrà donar un bany de masses amb tots els españolazos que veuen en l’esport un motiu per exaltar el seu patriotisme; això sí, no se t’acudisca preguntar si són nacionalistes que el més probable serà que als seus ulls acabes sent un terrorista… Tornem a Katowice.
I no, sobre bàsquet no tinc més a dir. Demà pels volts de les cinc i mitja de la vesprada aterraré a Katowice (el contrari seria mal senyal) i aleshores haurà començat el meu semestre d’Erasmus a Gliwice. Espere que siga, al menys, com l’última setmana dels Gasol i companyia.
I és això, que per a mi Polònia enguany significarà més que els quinze dies que hem tingut de bàsquet.
Salut!
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Se puede optar por la versión clásica o por la versión punk, y con ambas el sentimiento es el mismo: envidia. Tengo envidia de una generación anterior de hombre y mujeres, hoy padres y madres, que durante su adolescencia y juventud materializaron utopías. Una generación que luchó, y mucho. Y una generación que vivió con la esperanza que la siguiente le tomase el relevo.
El cuento que Ismael Serrano relataba poco tiene que ver con el de nuestros días, los gendarmes y los fascistas han sido sustituidos por antidisturbios y neoconservadores, los flequillos han muerto, la dulce guerrilla urbana en pantalones de campana ha degenerado en Kale Borroka y en peleas interraciales, las canciones de los Rolling han dejado paso al reggaeton, y aunque siguen habiendo minifaldas, en lugar de escandalizar a la sociedad tienen por motivo escandalizar a los padres y hacer babear a los babosos.
Nuestros padres se divirtieron estropeando la vejez a oxidados dictadores, hoy se engordan las cuentas corrientes de los banqueros, y el himno que en su día fue ‘al vent’ ha sido sustituido por el Chiki-Chiki, mientras que lo más parecido a una ocupación de la Sorbona ha sido acampar en diferentes facultades para evitar la implantación del Plan Bolonia.
El relevo de la bonita historia del guerrillero muerto en Bolivia lo ha tomado Hugo Chávez.
Nuestros padres no pudieron hacer nada tras tanta barricada, tanto puño en alto y tanta sangre derramada, ¿se pretende hacer algo tras el MSN, el Tuenti o el Facebook? Bajo los adoquines no encontraron arena de playa y los gobernantes aprovechándose de la apatía que reina en nuestros días han asfaltado las calles.
Aquella dura derrota, hoy provoca indiferencia; todo lo que se soñaba que acabó en los rincones cubierto de telarañas muerto de pena viendo pasar los años sin que nadie lo recupere.
Se consideran locos los que cantan ‘al vent’ y pocas gotas han caído que hayan quitado suciedad a la plaza. No es que quede lejos, es que aquel Mayo no se recuerda y Saint-Denis sólo se conoce por ser un estadio de fútbol. Jean-Paul Sartre es simplemente una de tantos personajes que se estudian en una asignatura odiada, y París la ciudad de la Torre Eiffel y DisneyLandia.
Lo que no ha cambiado son las hostias, que siguen cayendo sobre los que hablan de más, ni los muertos podridos de crueldad, murieron en Bosnia y en Vietnam y siguen muriendo en Iraq, mañana ya se verá.
Todo depende del pie con el que uno se levanta, hay días (como hoy) en que todo se ve negro, y otros en los que entre las nubes aparece un destello de luz, aunque sólo por respeto a todos los que lucharon merece la pena no desistir.
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Els últims deu dies se n’ha parlat molt de la consulta que avui diumenge s’ha fet a la localitat d’Arenys de Munt. Més d’un membre de la classe política ha invertit en aquest afer alguna energia que perfectament podria haver utilitzat per a tractar de sol·lucionar altres temes de major importància.
Les valoracions seran les esperades: l’independentisme català parlarà d’èxit rotund, des del govern català no es dirà res però els ulls estaran al damunt, des del govern espanyol es parlarà de la nula rellevància dels resultats i es repetirà per enèsima volta que la independència és una empresa impossible, i des del nacionalisme espanyol (amb un poc d’urticària) es repetiran consignes plenes d’hipocresia.
Però el moviment ha estat de llibre. Una plataforma privada llança la iniciativa i l’Ajuntament (independentista) recolza la consulta i ofereix instal·lacions municipals per a poder portar-la a terme, l’Estat s’oposa amb rotunditat i comença a moure fils per impedir-la, sense instruments per aturar-la, i no fa més que promocionar la consulta, els partits nacionalistes i independentistes es pugen al carro i donen suport i el nacionalisme espanyol s’ofén i convoca per avui mateix una manifestació contra la consulta.
Total que, per A o per B, laquesta setmana Arenys de Munt (i Arenys de Mar per la incultura de molts periodistes) ha rebut més atenció mediàtica que els últims vint anys, i avui, entre la consulta i la manifestació més d’un informatiu ha obert parlant d’Arenys de Munt, una localitat que des d’aquest cap de setmana alguns coneixen, d’altres situen al mapa i fins i tot algú veu un primer pas.
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Que el asunto empieza a ponerse feo.
Tras un inicio de preparación para el Eurobasket bueno, el jueves pasado en Vilnius se produjo el primer toque de atención. En lo que parecía que era un tropiezo como dos años antes lo había sido aquel partido contra Rusia en Madrid en la final del Eurobasket, la selección española acabó siendo arrollada por Lituania, pero, ni de lejos, podía considerarse motivo de preocupación.
Pero lo de hoy, sí que se debe empezar a tener en cuenta. De acuerdo que ha sido un mal partido, con muchos errores puntuales y muy poco acierto en el tiro libre y en el exterior, pero más allá de los errores puntuales, la selección española ha perdido las señas identitarias que le han permitido alcanzar durante los últimos tres años los éxitos de sobra conocidos.
No se puede vivir de rentas, ni en lo referente al juego ni en lo referente a la plantilla. Curiosos dos casos concretos como son los de Carlos Cabezas y Álex Mumbrú, que junto al lesionado Berni Rodríguez, desentonan algo en la plantilla mientras jugadores como Sergi Vidal, Carlos Suárez o Saúl Blanco están viendo el torneo desde casa. Pero hay diez jugadores más, diez muy buenos jugadores, a los que Sergio Scariolo no está sacándoles su mejor versión, ni en lo personal ni en lo colectivo.
El Eurobasket acaba de empezar y tras lo de hoy hay mucho margen de mejora hasta el 20 de septiembre, pero ¡al loro! que no ganar en Polonia será un fracaso estrepitoso.
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